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martes, 29 de noviembre de 2011

JUAN EDUARDO CIRLOT, ENTRE EL SÍMBOLO Y LA LLAMA. Por Rodrigo Agulló.



Imaginemos a un jinete vestido de hierro, en un bosque oscuro por algún confín del norte de Europa. Errante en una tierra extraña, el caballero avanza entre árboles, pantanos y vestigios ignotos, y siente que sus verdades ceden ante otra realidad que se desvela con el poder de una experiencia visionaria. Imaginemos ahora a otro caballero muchos siglos después, vestido de traje y corbata, rodeado no de árboles sino de edificios de cemento, en un mundo tabulado donde, en vez de señales arcanas, se alza la civilización y sus reclamos gastados. Pero la llama interior que sostiene a este caballero es la misma, como los mismos son los misterios que proceden de la noche de los tiempos. La realidad sigue siendo una selva encantada que sólo se desvela para unos pocos. Como para el poeta, caballero medieval contemporáneo y aristócrata del espíritu Juan Eduardo Cirlot.
Durante mucho tiempo los poetas han sido predicadores, maestros, intelectuales comprometidos, consejeros sentimentales, estetas narcisistas o coleccionistas de filigranas. Juan Eduardo Cirlot fue un poeta de lo esencial. ¿Qué es lo esencial? Decía Jean Cau: “existe la guerra, la oración, el amor, el juego y la contemplación. Todo lo demás no son más que tristes necesidades”. Ni reformador social ni escribidor de primores –contrariamente a otros–, los temas de Cirlot son el ser, el no-ser, la vida, la muerte, el tiempo, lo sagrado, el eterno retorno. Su poesía tiene un valor de invocación o letanía. Es la aspiración a un absoluto, la nostalgia de un Centro perdido. Su obra es un fruto insólito entre la creación poética española de posguerra, muy dominada por un esteticismo intelectualista deshumanizado o por la llamada “poesía social”.
Conviene subrayarlo: Juan Eduardo Cirlot forma parte de una corriente que sólo muy escasamente ha asomado en nuestras letras: esa tradición de carácter visionario que penetra en el mundo del misterio, de lo oculto, de los sueños, que se remonta a la antigüedad clásica y medieval, que retoman William Blake, Hölderlin, Novalis, Poe, Nerval, Wagner, los prerrafaelistas ingleses, y que expresa una sensibilidad característica de los mundos céltico y germánico. No en vano –¿casualidad o leyes de sincronicidad y convergencia?– los principales cultivadores en lengua castellana de esta corriente, o bien procedían de la parte céltico-galaica de la península –Vicente Risco, Álvaro Cunqueiro, Torrente Ballester– o bien teníansangre celta o germana en sus venas, como Gustavo Adolfo Bécquer, Jorge Luis Borges y Juan Eduardo Cirlot, este último con antepasados irlandeses y bretones entre los que se cuenta un linaje de soldados. El espíritu sopla donde quiere.
Son datos significativos. De sus antepasados militares –españoles y británicos–Cirlot hereda un sentir heroico que incorpora en su quehacer poético.[1] Y de sus ancestros de la cornisa gaélica asoma en Cirlot esa tensión singular que imanta el espíritu –como si de una brújula se tratase– siempre hacia el Norte. Se trata de una particular disposición anímica que en algunos adquiere el vértigo de una revelación, y que el escritor C. S. Lewis describía así:
“El ‘Nordismo’ en estado puro se apoderó de mí: una visión de grandes y claros espacios sobre el Atlántico, en el crepúsculo interminable del verano nórdico, lejanía, severidad […] y al instante supe que yo ya conocía esto desde hacía mucho tiempo […]. Sigfrido pertenecía al mismo universo que Baldur, que las grullas que vuelan en dirección al sol […] y con esa zambullida en mi propio pasado se alzó de nuevo, como un ataque al corazón, la memoria de la Alegría que una vez tuve y que durante años había perdido.”[2]
La poesía de Juan Eduardo Cirlot –muy especialmente su obra central, el ciclo de Bronwyn– es entre otras cosas un himno a ese Norte, una inmersión en la música sombría y formidable de ese mundo céltico, galés, irlandés, altogermánico, escandinavo e islandés. Una música áspera y metálica de brumas, piedras y espadas, de runas, espirales y mágicas cosmogonías, que si también habita nuestro idioma lo es gracias al autor de La Dama de Vallcarca.
Juan Eduardo Cirlot fue mucho más que un poeta. Su vida transcurrió en Barcelona entre 1916 y 1973. Desarraigado de su entorno, siempre manifestó que no se identificaba con el tiempo presente, y que hubiera preferido vivir en otra época. Sin embargo –y paradójicamente– no hubo en la España de aquellos años un crítico más agudo, ni un oteador más perspicaz de todas las experimentaciones y vanguardias que en el arte del siglo XX conformaron eso que vino en llamarsemodernidad. Músico dodecafónico, teórico de la abstracción y del surrealismo, cómplice de André Breton y figura central de Dau al Set, como crítico de arte Cirlot impulsó la agitación vanguardista de su época, exploró todos los ismos habidos y por haber –su Diccionario de los ismos es prueba fehaciente–, y diseccionó como nadie el estilo del siglo XX. Pionero de la reincorporación de España a las corrientes estéticas de Europa y Occidente, fue uno de los que más hicieron para expandir el horizonte cultural de la península tras una época de guerra, penuria y aislamiento.
Indiscutiblemente a Cirlot le sobraban condiciones para convertirse en figura de culto entre aquella “izquierda divina” barcelonesa de los años sesenta. Pero algo no encajaba. Pese a su protagonismo en la vida intelectual de la época el autor catalán nunca dejó de ser un desarraigado, un marginal. Absolutamente libre, ajeno a modas y reconocimientos, una autosuficiencia aristocrática parecía alejarlo y su obra poética sólo tuvo, en vida, una difusión minoritaria. Cirlot pertenecía a otro mundo…
Más allá del poeta, del crítico de arte y cine, del musicólogo, hay un Cirlot interesado en las disciplinas herméticas, el esoterismo y la magia, un estudioso que por la vía del surrealismo enlazó con la mística, el ocultismo y la simbología. De hecho el estudio de los símbolos –su Diccionario de símbolos es referencia mundial en la materia– tendrá una importancia central en su poesía, en cuanto ésta aspira a vehicular una explicación simbólica del universo. Cirlot fue, más que un intelectual, unsabio. Mal podría encajar entre una progresía de esnobs y saltimbanquis de la cultura.
“Lo propio del simbolismo –señala Cirlot– es tender puentes verticales. El símbolo no se detiene en la comunicación, sino que es de un lado una vivencia, y de otro un medio de conocimiento. El gran proceso simbólico se produce cuando se trata de lo trascendente, y la simbología es, ante todo, una ciencia de la trascendencia”.[3]Tender puentes verticales. He ahí el empeño central de la poesía de Cirlot. Para Cirlot, “frente al materialismo del mundo moderno puede encontrarse un sentido místico de los ismos, aunque se tratase de una mística heterodoxa”. Su poesía transita el terreno de lo sagrado. Lo real es para él “lo que está más allá de lo palpable: la esencia, el “ser” que se halla en el plano de lo sagrado, donde transcurre su verdadera vida. Esto le mantiene en una lucha titánica con la concreta realidad exterior”.[4]
El pensamiento de Cirlot está influido por la filosofía de Heidegger, por Nietzsche y por los presocráticos. “La palabra –señala Clara Janés– tiene en Cirlot un carácter revelador, se convierte en intermediaria entre Dios y la finitud del hombre, hace que lo nombrado adquiera la existencia, lo que no es nombrado no existe”. Porque si en nuestro mundo lo sagrado desaparece es porque los hombres ya no saben nombrarlo. Lo religioso –en palabras de Heidegger– no es destruido por la lógica, sino porque el Dios se retira. La misión del poeta –señala el filósofo en su estudio de Hölderlin– es contribuir al desvelamiento del mundo, decir la palabra esencial, aquella que denomina al ente por lo que es, porque el habla es la casa del ser y la poesía es la instauración del ser con la palabra.
Decía Cirlot: “mi poesía es un esfuerzo por encontrar el umbral de la ultrarrealidad […] Y luego intento que esa poesía sustituya en mí lo que el mundo no es y no me da”. Restauración de lo sagrado en la que el poder de la palabra es decisivo, porque –como la mitología y la mística siempre han sabido– el nombre no sólo designa, sino que también es ese mismo ser. Y si el lenguaje opera por vía racional también lo hace por vía intuitiva, y las palabras están llenas de posibilidades mágicas: el poder evocador de las aliteraciones, de las onomatopeyas, las permutaciones y técnicas combinatorias, los ritmos y las disposiciones arquitectónicas imaginativas y fantásticas que pueblan los poemas de Cirlot y les confieren un carácter de ventanas al más allá.[5]
Preocupación esencial de Cirlot es el Tiempo, esa barrera que hace que todo lo existente se convierta de inmediato en ausencia, que la vida sea una sucesión de carencias. Poeta nietzscheano, Cirlot invoca al eterno resurgir. Sus obras discurren entre dos polos principales: el ser-dejando-de-ser y el renacer eternamente. Y para ello el poeta acomete la destrucción del tiempo: evocación de épocas pasadas, nostalgia de lo arqueológico, evocación de personajes míticos, identificación de sexualidad, muerte y resurgir. Pero la auténtica clave en esa disolución de la existencia temporal es lo que Cirlot denomina simbólicamente el “Centro”, que se entiende como el eje que debe regir toda creación y en torno al cual se ordena cualquier cosmogonía, y que en su Diccionario de símbolos expresa como un eterno fluir y refluir de las formas de los seres y de las propias dimensiones espaciales.
La obra de Cirlot es una “quête”, una búsqueda de ese centro, del que la mujer amada es imagen reflejada. La amada como anima-mater que empuja hacia el resurgir y que es vehículo de reconciliación con el cosmos, en cuanto el amor es un absoluto, síntesis de esencia y existencia, en cuanto se sitúa fuera del tiempo y conduce al eterno renacer.[6] Y aquí surge Bronwyn.
¿Quién es Bronwyn?
Un día de verano de 1966 Juan Eduardo Cirlot vio un film en una sala barcelonesa,El señor de la guerra de Franklin Schaffner. Ambientada en el Brabante del siglo XI, el film narra la historia de un guerrero normando que recibe en feudo unas tierras extrañas, y entre sus habitantes semisalvajes encuentra a una doncella –Bronwyn, interpretada por la actriz Rosemary Forsyht– por la que termina perdiendo su poder, su honor, sus armas y el sentido de su vida. Bronwyyn surge de las aguas turbias de un pantano –arquetipo de las aguas primordiales, inversión del mito de Ofelia– y lo hace para conducir al héroe hacia su ocaso. El descubrimiento de este personaje provocará en Cirlot una conmoción, el reconocimiento de un mito.
Bronwyn es la “mensajera del más allá”, la doncella de luz, esencia de feminidad. Es la Daena de la tradición mística persa, Juno, Venus, Diana y todos los aspectos femeninos del cielo, es el anima de Jung, Eva rediviva e Isis de los mil aspectos.
Mensajera del más allá, tú vienes
con forma de mujer, pero el abismo
se cierne junto a ti tan dulcemente

Pero es también el ángel terrible, la salvadora y la que da muerte, “la que salva dando la muerte, ya que el amor es imposible en la vida, y a la vez es eterno renacer”.[7] Es La que renace de las aguas. Cristalización de su mitología personal, la imagen de esta doncella céltica sumirá a Cirlot en una febrilidad creadora que se plasmará en el ciclo de Bronwyn, la más alta cima de su obra poética.
Todo el poema se baña en una atmósfera brumosa, irreal. El uso constante de las aliteraciones y kenningar lo envuelve en ese sentir heroico característico de la poesía céltica y germano-escandinava,
Las ruinas de las runas en la roca
hablan de que yo estuve en este mundo,
donde el mar y la tierra de las nieblas
se funden y confunden.

La vida era una ausencia inagotable,
un laberinto de serpientes grises,
un pantano de rosas tenebrosas.
Una atmósfera mítica en una Edad media intemporal. Como señala Victoria Cirlot “Bronwyn es una síntesis de todas las edades medievales, pues se conjugan ese prerrománico profundamente arcaico que aquí es el celtismo, el bosque como templo en que se conservan restos de megalitismo, los dólmenes, el románico con la torre normanda […] y el gótico, que es el oro de la misma Bronwyn”.[8] La barrera del tiempo se dilata en una espiral donde se confunden presente y pasado remoto, una dimensión simbólica en cuyo centro se produce el encuentro con Bronwyn,
Mis hogueras de hierro se amontonan
Y mis restos oscuros aún humean
Me acaban de matar
Miro hacia donde vi tu aparición
Hace mil años ya; pero la sangre
Aún sale de mi boca
Todo el ciclo es una “quête” iniciática, una búsqueda de lo eterno. Bronwyn es “una figura metamórfica, dinámica, ascensional, que si en los primeros versos es una muchacha rubia, se convierte luego en princesa o reina y por último en diosa”. Una entidad de complejidad creciente que surge del paganismo céltico y que enlaza con los universos gnósticos del cristianismo, el kabalismo y el sufismo, pero que en su escritura intencionadamente arcaica –de espaldas a la tradición poética castellana– parece surgida de una novela del ciclo artúrico.
Coronas y corolas son las olas
Del mar de tu mirada murmurante
Bronwyn, tu corazón es el Graal
Piedra de lo absoluto, piedra pura
Y es finalmente un motivo de la mitología germana, el cisne, el que en La quête de Bronwyn conduce el poema a su conclusión final en «un gigante alud de vuelos, blancuras y suavidad, una ascensión mística como quizás no haya otra en toda la literatura española: “Los cisnes son las alas de las almas / Las alas de las alas / Las alas de las almas de las alas / Los álamos del alma […]”». Es como si «el poeta, transfigurado en un Lohengrin, regresara del exilio en la tierra a su verdadero reino».[10]
Por un reencantamiento del mundo
Toda la poética de Cirlot parte de la conciencia de ese “ser-dejando-de- ser”, de la invocación a un eterno retorno. Destrucción del muro del tiempo y búsqueda de lo sagrado. No muy conforme con la era que le tocó vivir, se identificó con las épocas heroicas vividas bajo el signo de la espada, en las que percibía esa “sacralidad del combate” que afirman todas las doctrinas tradicionales. Sus Poemas romanos y de Cartago, las Oraciones a Mitra y a Marte, los poemas a Marco Antonio, a Numancia, a La muerte de Gerión, el Romance de la segunda muerte de Baldur nos trasladan a “civilizaciones pasadas, arrasadas, restos de memoria histórica, ruinas, recuerdos de combates, armas rotas, cuerpos destrozados, vegetación casi sepultada, tierra propicia a la fermentación, que se hallan latentes en sus páginas esperando la total descomposición de la que emergerá un germen de nueva vida”.[11] Una visión cíclica que en su poema Momento se expresa en la voz de un combatiente más allá del tiempo,
Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y
de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila,
y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas
doradas de los tiempos prerrománicos
Último poeta épico de la lengua castellana, Cirlot expresa esa coincidencia de opuestos que celebra la vida como un combate. El amor es también un combate,
Oh tu armadura blanca, sus jazmines blindados
Oh, tu yelmo sin besos, tu escudo sin caricias
Oh, los arroyos rojos que en tu lengua relucen
la aurora de tus dientes, tu cuerpo como lanza
Ha llegado la hora de la batalla hermosa
Debajo de las nubes, de tu pelo debajo
De dejar que los pechos resuenen como selvas
De dejar en los muros el gusto de la sangre
Sin duda Juan Eduardo Cirlot sintió el escalofrío del nihilismo, ese sentimiento de terror destructivo, de tierra baldía en una vida cotidiana, gris y tediosa,
Todo está convertido en un lamento
Sin nombre, acurrucado, irreparable.
Los dioses yacen mudos como esclavos
Lamiendo el oro rosa y el estiércol
Lentamente yo busco entre las piedras
Una llama de aquel incendio inerte.
Aquí se sitúa el punto de desencuentro, el muro que le separa de tantos de sus contemporáneos. Su sentido de lo trascendente le lleva a apartarse de los surrealistas, porque “allí donde los surrealistas desacralizaban, Cirlot seguía el proceso contrario: resacralizaba”. De hecho, Cirlot es uno de los pocos poetas simbolistas que siguen verdaderamente la tradición, y que toma nociones de autores como Marius Schneider, René Guenon, Carl G. Jung, Henry Corbin, Gershom Scholem, Gaston Bachelard, Julius Evola, Mircia Eliade y Ananda K. Coomaraswamy. Un empeño que le acercará a las principales escuelas de pensamiento tradicional de Occidente o de Oriente –desde el Zohar hebraico a la mística sufí– que por variados caminos han dejado su impronta en nuestra cultura.[12]
Desde el surrealismo al pensamiento tradicional, un cambio de ideología que se atreve a confesarle sin tapujos a André Breton: “no se puede traicionar la tradición por ninguna subversión”. El sumo pontífice del surrealismo no debía de ganar para sorpresas con aquellos surrealistas españoles. ¡Primero Dalí y ahora esto! Como Dalí –con quien tantos paralelismos le unían– Cirlot, el Cirlot de las vanguardias y de Dau al Set, sabía que la tradición sólo puede sostenerse cabalgando el tigre de la subversión, que lo más antiguo sólo puede volver con la fuerza de lo muy nuevo, y que de lo que se trata es de darle nuevas formas a aquello que es de siempre.
Hacia una metafísica de Europa
La obra de Cirlot se sitúa en una encrucijada histórica en la que el hombre occidental ve alterada su conciencia por la crisis de dos guerras mundiales. La catástrofe es de tal magnitud que el resultado final es un individuo desposeído del peso de su identidad, un individuo ingrávido, sumido en una existencia banal de evasión y consumo. Y en esta tesitura podemos decir que su poética no tiene nada de inocente ni de gratuita. Todo lo contrario: se trata de un intento por “construir un hilo que una la modernidad con la tradición simbólica europea, y en definitiva con los orígenes mismos de la conciencia europea”.[13] Más allá de la simple poetización de los sentimientos, Cirlot trata de reconstruir sus raíces como individuo europeo. En este sentido –y sólo en este– cabe también una lectura política de su obra, que así adquiere el tono de poesía militante. De sí mismo decía Cirlot: “realmente soy un hombre antinómico y con frecuencia conflictual. Vanguardista y reaccionario, revolucionario y conservador”.[14] De lo que se trata –de lo que trata Cirlot– no es de anclarse en un pasado, sino de religarse a él. De religarse a la esencia constante de la historia, que se actualiza y se hace presente sólo gracias a la poesía. Y su poesía es, en este sentido, una ofrenda a los europeos de hoy y de mañana. El dios volverá, anunciaba la profecía de Delfos, y escribe Cirlot,
Pues una semilla roja
Está dentro de lo yerto
y aunque decline la tierra
Baldur muerto no está muerto[15]
Su voz habla para todos. No es cuestión aquí de alardes intelectuales ni de arrebatos líricos, ni siquiera de gustar especialmente de la poesía. Sus poemas nos atrapan en primer término por la intuición, por el sonido y por el ritmo, por la sencillez de las palabras o por esa fuerza mística que pueden tener las plegarias, los himnos o el repicar de las campanas.
Algunos han reprochado a Cirlot un exceso de seriedad. Y es que su voz a veces retumba como un trueno,
De mis palabras surgen soluciones
De metal invasor que nada puede
Destruir o parar. De mis palabras
Surgen olas y mares ascendentes
Mi casa comunica con las fuerzas
Que perforan los mundos y los alzan
En la cima furiosa de esa sombra
Sin principio ni fin que me alimenta
Y es cierto que no juega ni halaga, ni busca guiños o complicidades con el lector. ¿Y hacía alguna falta? ¿Es que no estamos ya saturados de banalidades, entretenimientos y confetis? Palacios de hielo puede, pero de un hielo que quema. Alguien que le conoció bien escribió: “hay poetas que entran en la poesía como un juego, tienen una cita con el mundo, y otros entran en la poesía quemándose, ardiendo toda su figura como una llama. No van a ninguna cita con el mundo, sino que se quedan en su nocturna soledad, y no resultan demasiado cómodos para la gente su trato y su palabra. Esta es una postura peligrosa. Poetas como Hölderlin no regresaron jamás de esa noche”.[16] Juan Eduardo Cirlot no fue un poeta burgués. Su experiencia de la vida no fue sólo literaria, porque siempre mantuvo una actitud heroica. Mientras otros novísimos se desvanecen en el recuerdo, el tiempo agiganta su figura. Las victorias póstumas, la eterna suerte de los solitarios.
Observamos su imagen, entre siete espadas que apuntan al cielo. Su rostro extrañamente intemporal, y esa mirada que parece querer decirnos algo. Quizá trasmitirnos la llama que nos permite ver la selva encantada […] y que nos invita a la acción.
La obra poética de Juan Eduardo Cirlot ha sido cuidadosamente editada por Ediciones Siruela en tres tomos: Bronwyn (2001), En la llama. Poesía (1943-1959) (2005) y Del no mundo. Poesía (1961-1973) (2008). Siruela también ha reeditado Diccionario de Símbolos (1997) y Diccionario de los ismos (2006). Existe una antología poética a cargo de Clara Janés: Obra poética, Cátedra 1997. El mejor estudio crítico disponible es: Jaime D. Parra, El poeta y sus símbolos. Variaciones sobre Juan Eduardo Cirlot. Ediciones del Bronce 2001. El catálogo de la exposición: El mundo de Juan Eduardo Cirlot, IVAM/Generalitat Valenciana 1996, reúne textos de Cirlot, interesantes testimonios personales e información variada.


[1]Clara Janés, Introducción a Obra poética. Juan Eduardo-Cirlot. Cátedra-Letras Hispanicas 1997, pág. 13.
[2]C.S. Lewis, Surprised by joy. The shape of my early life. Harcourt, Inc, pág. 73.
[3] Jaime D. Parra, El poeta y sus símbolos. Variaciones sobre Juan Eduardo Cirlot. Ediciones del Bronce 2001, págs. 168 y 23.
[4]Clara Janés, Introducción a Obra poética. Juan Eduardo-Cirlot. Cátedra-Letras Hispanicas 1997, pág. 24.
[5]Julia Barella, El poder de las palabras en la poesía de Juan Eduardo Cirlot. Copias del natural (disponible en Internet).
[6]Clara Janés, Introducción a Obra poética. Juan Eduardo-Cirlot. Cátedra-Letras Hispanicas 1997, págs. 28-29.
[7]Clara Janés, Introducción a Obra poética. Juan Eduardo-Cirlot. Cátedra-Letras Hispanicas 1997, pág. 31.
[8] Victoria Cirlot, Introducción a Bronwyn, Ediciones Siruela 2001, pág. 43
[9] Jaime D. Parra, El poeta y sus símbolos. Variaciones sobre Juan Eduardo Cirlot. Ediciones del Bronce 2001, pág. 86.
[10] Victoria Cirlot, Introducción a Bronwyn, Ediciones Siruela 2001, pág. 44.
[11]Clara Janés, Inmersión en el abismo, en Del no mundo, Poesía (1961-1973) Juan Eduardo Cirlot, Ediciones Siruela 2008, pág. 18
[12] Jaime D. Parra, El poeta y sus símbolos. Variaciones sobre Juan Eduardo Cirlot. Ediciones del Bronce 2001, pág. 158.
[13]Iván Díaz Sancho, La estela de Orfeo: poética de la trascendencia en Juan Eduardo Cirlot. Universidad Autónoma de Barcelona, Bellaterra 2007.
[14] Victoria Cirlot, Introducción a Bronwyn, Ediciones Siruela 2001, pág. 29.
[15]Romance de la segunda muerte de Baldur.
[16] Juan Perucho, Juan Eduardo Cirlot al otro lado de la puerta cerrada, en El mundo de Juan Eduardo Cirlot , IVAM-generalitat Valenciana 1996, pág 24.

martes, 8 de noviembre de 2011

ERNEST DESCALS Y LA DIVISIÓN AZUL



Video de la Ponencia del creador de imágenes y Pintor ERNEST DESCALS en el Congreso de Estudios Históricos del Ceu
,en Madrid, acerca del 70 Aniversario de la DIVISION AZUL.

Discurso del artista Pintor Ernest Descals en el Ceu de Madrid, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.En el marco del Congreso sobre el 70 Aniversario de la Division azul, los jovenes voluntarios españoles que acudieron a la lucha en el Frente del Este en Rusia junto al Ejército de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.La Emoción de la Pintura y laLibertad Creativa de los Pintores Independientes en un breve repaso por las Colecciones de Pinturas con temática Histórica. Los Almogávers, Almogávares, valientes soldados aragoneses y catalanes, Cartago y Anibal Barca, personajes en las Guerras Púnicas, los soldados alemanes en Rusia, La Guerra de Independencia Española, la Guerra Civil de España, el Museo del Ejército, los personajes en la sociedad del Tercer Reich y la Defensa Civil, Luftschutz,las mujeres soldados, los Premios Ejército conseguidos por el creativo plástico catalan en el Cuartel General del Ejército de Tierra y el Cuartel General del Ejercito del Aire, la Batalla de Brihuega, la Justas Medievales,los Misterios en Sumeria y las Antiguas Civilizaciones en sus contactos con seres de otros planetas, los Anunnaki y el planeta Nibiru, antiguos astronautas estraterrestres y su influencia en los orígenes de la Humanidad, la Aviación y sus pioneros aeroplanos,y la Coleccion sobre la Blau, la Division Azul.Obras de Arte con transfondo Historico, Gestas de la Epica y el Romanticismo, asuntos que no gozan del beneplácito del conocido término de lo politicamente correcto en nuestra sociedad actual y que el creador de imágenes tiene la mision creativa de rescatar del olvido en la Memoria Histórica y la Memoria Colectiva.
El Discurso ambientando por las pinturas del Pintor Ernest Descals se celebró en la Mesa Redonda sobre los Rastros de la División Azul en el Arte, Cine y Literatura.Extraordinarios Ponentes en sus distintas especialidades que acompañaron en su saber y sus ponencias al sincero y emotivo parlamento del Artista de Manresa, y que fue muy aplaudido por el cálido y generoso publico asistente al acto de Estudiosos e Historiadores sobre la División Azul en su 70 Aniversario.Los Pintores en la Historia, Pintura Militar, Arte Militar y Libertad de Creacion en nuevas imágenes que son iconos mediáticos en todo el Mundo.

sábado, 18 de junio de 2011

HUMOR GRÁFICO



Creo que hoy es mi día de suerte. El otro día os hablábamos de unas pegatinas que se podían ver por la ciudad de Córdoba de dudoso gusto, peor diseño, medidas ínfimas, abuso del bisel y relieve del Photosop... pero eso sí, con todo tipo de reclamas y muchos colores. Pues mentaba lo de mi día de suerte, porque hoy he encontrado todo el material en internet.

Los artistas (o artista) cuentan que nacen en 1996 como Jo'Ligan (Jóvenes por la Liberación Gay-Lésbica de Andalucía) y que como no piden subvenciones (sic) deciden crear estas marcas: ArtGI-PROP y La DAMA der Zu Distribuidora HomoSkin (DAMA es Difusión Andaluza de Material Alternativo) para su financiación. Es curioso porque en la cabecera del blog, ya se fotografía el personaje en cuestión (porque todo esto, como supondréis es sólo una persona), que más que skin parece alopécico, y también empieza a mezclar su propio nombre, porque unas veces lo escribe "der Sú" y otras "der Zú" (como no había Cuadernillos Rubio de andaluz...).

Su distribuidora de pegatinas que tantos momentos jocosos nos ha provocado se llama ArtGI-PROP (Komizariao d'Ahitazión i Propaganda de LIGAN, Liberazión GLBTQueer d'Andaluzía) y ofrece sus servicios ¡a unos módicos! precios (2.000 pegatinas de 15x30cm. cuestan 460€. No está mal. Aunque creo que en imprenta saldría mucho más barato) Lo gracioso es que cobra 10€ por el diseño de la pegatina, cuando lo que lo tenían es que meter en la cárcel por tener tan mal gusto, porque no se entiende nada, tanto colorido... y por hacer tan mal uso del Photoshop.




Se vanaglorian de haber trabajado para más de 100 colectivos y haber realizado más de 500 modelos, lo que vienen a ser un millón de pegatinas (lo explican mejor "Kon ehta 25 edizión ya yegamoh ar miyón de pegatinah y a loh 500 modeloh"). Ya dijimos que trabaja con todo tipo de asociaciones, eso sí, tienen que ser de alguna u otra manera la antítesis de Franco (como se entere que los falangistas auténticos son antifranquistas lo mismo hacen una pegatina). Vale todo: los Biris, Negu Gorriak, Skingay, antitaurinos, Brigada Amarillas, Nación Andaluza, SHARP... Hay una que llama hasta al "Boicot de los productos franceses", lema clásico del españolismo nacionalista.

Nuestro ídolo suele mezclar cosas (como no hay libros en andaluz pues no se ha ilustrado mucho) y tiene una marca llamada Andalucía Reberde donde mezcla la A anarquista con la hoz y el martillo comunista, espero que a los anarquistas que acribilló el Partido Comunista en la Guerra Civil le haga ilusión esta unión. Y como sabemos que leerá esto, porque pronto en el Google saldremos por delante suya, decirle que lea en alguna página (ni le pido que lea un libro) cómo trató el anarquista Durruti a los homosexuales.

Bueno, perdón porque entre tanta palabra en andaluz, tanto paréntesis, tantas siglas y demás, se ha quedado el artículo un poco lioso. Ahora ¡a disfrutar de las pegatinas! ¡















lunes, 28 de febrero de 2011

I.V. y el "SELLO DE LA MUERTE"

Bocetos de portadas para una posible edición de El Sello de la Muerte de Ramiro Ledesma Ramos que se iba a realizar allende por 1997 y que se quedó en el proyecto.



jueves, 18 de noviembre de 2010

CUADRO DE LA DIVISIÓN AZUL A LA VENTA

Autor: Augusto Ferrer-Dalmau
Titulo“QUE EN RUSIA ESTÁN”
Medidas sin enmarcar

Tirada
100x60 (incluido 10cm de paspartú por cada lado)
Consta de una tirada única, numerada, firmada y certificada de 15 exclusivas laminas.
Disponible #1 láminas.

enlace

domingo, 24 de octubre de 2010

BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Batalla de las Navas de Tolosa, ganada contra los moros en las inmediaciones de Sierra Morena, por Alfonso VIII de Castilla, ayudado por los reyes de Aragón y Navarra, el 16 de julio de 1212.
Francisco de Paula Van Halen
Colección del Senado

sábado, 31 de julio de 2010

A. FERRER DALMAU

Se hace raro que en la actualidad un artista pinte al modo decimonónico. Se hace raro que un catalán incluya banderas españolas en su obra. Se hace raro que se represente de modo heroico y gallardo a soldados españoles en Filipinas o a carlistas. Está claro que Ferrer Dalmau no va a recibir muchas subvenciones ni muchos premios, pero que quede clara nuestra admiración.

www.arteclasic.com

DALÍ HITLERIANO


No tenía ninguna razón surrealista para tratar a Lenin como un tema onírico. Todo lo contrario. Lenin y Hitler me excitaban en sumo grado. Hitler más que Lenin... Pinté la obra fuera de toda intención política, asociada a todos los símbolos de mi éxtasis. No quise admitir que el maestro de los nazis sólo era para mí un objeto de delirio inconsciente, una fuerza de autodestrucción y de cataclismo prodigioso. Hitler encarnaba para mí la imagen perfecta del gran masoquista que desencadenaría una guerra mundial por el único placer de perderla y de sepultarse bajo las ruinas de un imperio: acto gratuito por excelencia que debía haber suscitado la admiración surrealista; por una vez que teníamos un héroe moderno

Salvador Dalí, 1981

jueves, 14 de enero de 2010

"ESPAÑOLES, PERDONAD PERO NO OLVIDÉIS"

Españoles, perdonad pero no olvidéis
Carlos Sáenz de Tejada (1897-1958)
Museo del Ejército

A su manera y siguiendo otros grandes cuadros sobre fusilamientos, Saenz de Tejada da su versión del hecho. El relato se inicia con los Guardias de Asalto que manejan la ametralladora y el miliciano "indeterminado" que a sus espaldas contempla la acción. Siguiendo la línea ascendente llegamos al centro de toda la composición, por ubicación y por color: El miliciano con gorro ruso y camisa netamente roja. Un comunista, sin duda, y además... "rusificado". El es el centro que mueve la escena.
Después de él la linea hace un zigzag y nos lleva a través de los prisioneros a un nuevo quiebro para perfilar el cerro. Runa o rayo que compone toda la pintura. A diferencia de los Guardias y de los comunistas, los anarquistas intervienen en la escena como auxiliares. Curioso. Les reconocemos con claridad por sus símbolos, por el gorro de uno y el pañuelo rojinegro del otro. Están casi fuera de cuadro, a la derecha del borde inferior, muy alejados del centro.

Sáenz de Tejada, pintor, dibujante, ilustrador, grabador, retratista, cartelista, figurinista de moda, decorador de escenografías teatrales y de interiores, diseñador y publicista fallece en Madrid, tras una brillante trayectoria profesional, caracterizada por un espíritu ecléctico que le impedía renunciar a ninguna posibilidad técnico-expresiva. Su obra está pasando por un sorprendente y merecido reconocimiento. La Caja de Ahorros de Vitoria y Álava posee la colección más importante de sus creaciones.

viernes, 25 de septiembre de 2009

CORRADO DELFINI


Pintor nacido en 1971 en Roma, ciudad donde en la actualidad continúa con su formación. En su obra se mezcla una pintura más naturalista, de aires impresionistas y donde predomina el paisaje; con otra de aire más rompedor y vanguardista, y de clara influencia futurista.


sábado, 19 de septiembre de 2009

I.V. ARTE POSTAL


Hubo un tiempo en el que en el legendario apartado 706 de Córdoba se recibían muchas cosas. Entre ellas, siendo las más frecuentes, las cartas, postales y paquetes del pintor I. V. Todas ellas seguían una curiosa decoración: en su parte delantera iba pegado un cuadradito con letra de máquina de escribir con la dirección del remitente bajo el epígrafe de "La Incubadora", por algún lado iba un sello en color azul con la palabra "impresos", otro pequeño recorte de periódico dejaba algún tipo de frase significativa, con letra más pequeña se anunciaba lo que se iba a encontrar al dorso y la dirección a la que se enviaba la carta. Ésta solía ir siempre con el nombre o seudónimo en letra roja y rebordeada de boli negro, y la dirección propiamente dicha con rotulador negro, siempre todo en mayúscula.
La parte posterior del envío era toda una sorpresa. Generalmente eran fotocopias o recortes de periódicos, sobre el que se superponían algunas frases o lemas, y todo decorado con los trazos expresionistas típicos de este artista en tonos terrosos.

El contenido bien podía ser de dos modos. Uno, una epístola en toda regla, en letra mayúscula, con las páginas numeradas, con recortes o dibujos pegados. O dos, algún tipo de envío curioso, entre estos un ladrillo con el lema "el mejor argumento" pegado, algún estropajo usado y envasado al vacío, etcétera.

No sé, pero creo, que supera el centenar la colección que guardamos de estos envíos dignos de estudio. Picando en la foto se ampliarán y se podrán observar con más detalle, aunque las fotografías no son muy dignas. Si estáis ustedes interesados en esta información seguiremos ampliando los datos sobre este pintor y subiendo más imágenes.

sábado, 5 de septiembre de 2009

MARIO SIRONI, MURALISTA

Mario Sironi (1885-1961) formó parte de la primera hornada de futuristas, participando como lo hicieron todos en la I Guerra Mundial. En el periodo de entreguerras irá evolucionando su arte hacia la Metafísica de Carrà y Chirico, hasta llegar a crear un estilo muy propio y que fue muy bien acogido por el Fascismo. Ilustrando para prensa, realizando carteles y sobretodo sus famosos murales. En 1933 publicó el Manifiesto de la Pintura Mural junto a Campigli, Carrà e Funi.


"Mario Sironi (1885-1961) creó una pintura fascista desde una visión estética a la vez ascética, viril, vigorosa y heroica, que aplicó sobre todo a la pintura moral  a la que, por su carácter social, creía particularmente idónea para los objetivos del régimen".


viernes, 4 de septiembre de 2009

"ARTE Y ANARQUISMO", P. Signac


Justicia en sociología, armonía en arte: la misma cosa [...]
El pintor anarquista no es aquel que representa cuadros anarquistas, sino quien sin preocupaciones de lucro, sin deseo de recompensa, lucha con toda su individualidad contras las convenciones burguesas y oficiales por una aportación personal [...]
El tema no es nada, o al menos no es nada más que una de las partes de la obra de arte, no más importante que los otros elementos, colores, dibujo, composición, etc.
Cuando el ojo sea educado, el pueblo verá en los cuadros otras cosas que el tema.
Cuando exista la sociedad que soñamos, cuando se haya desembarazado de los explotadores que la embrutecen, el trabajador tendrá tiempo para pensar e instruirse. Apreciará las diversas cualidades de la obra de arte.

(Un camarade impressioniste [Signac] "Impressionnistes et Révolutionnaires", La Rèvolte 4, 40 [1891].)

jueves, 3 de septiembre de 2009

ALFONSO PONCE DE LEÓN


Uno de los más insignes pintores españoles de los años 30, nos dejó a los 29 años con una corta pero intensa carrera pictórica. Pero lo que nos ocupa es la vida de un intelectual unido a unas ideas de justicia y patria.

Ponce de León participará en la Falange realizando carteles ("más ferozmente antiburgueses que los de UGT y CNT") con gran uso del collage y amoldándose a los pocos medios que había. También realizó el logotipo del SEU y participó en la revista Arriba, donde publicó ilustraciones y caricaturas. 

Frecuentaba la tertulia falangista de La Ballena Alegre y creó, junto a Samuel Ros, el cine-club universitario del SEU, que ofreció, al menos, dos sesiones en el cine Bilbao (Camicie nere y Vigías en el mar, un día y el otro: Don Juan Tenorio y Crepúsculo rojo).

El 20 de septiembre Ponce de León fue detenido por una checa, "juzgado" (respondió a todas las preguntas con un "¡Arriba España!"), torturado y asesinado en una cuneta. Pero como él dijo "¿Qué importa? ¿No os dais cuenta de que es la suerte entera de España lo que ahora se juega? ¿Qué vale una vida, aunque sea la nuestra, ante toda la Historia?".

De su corta obra pictórica, destacar Accidente, expuesto en el Reina Sofía de Madrid.